Me siento bruta frente al “Edificio Inteligente” de EPM
Por: Adriana Cano Mesa
En menos de un mes he tenido que visitar en dos ocasiones el tan orgullosamente nombrado Edificio Inteligente de Empresas Públicas de Medellín y para ser sincera, no he podido entender a cabalidad por qué se le llama inteligente a un edificio en el que se necesita una gran cantidad de indicaciones para ingresar a él.
La verdad, mi sentido de orientación no es el mejor, pero ingresar a un lugar de servicio público no debería ser tan difícil. Cuando llego allá me siento como en un laberinto y a veces tengo hasta temor de no encontrar la salida.
En la primera visita se me dificultó llegar al primer piso, pues para cualquier persona con sentido común, el primer piso es el que está de primero, sin subir escalas ni tomar ascensores, pero en el edificio inteligente el primer piso está ubicado después de subir por cuatro escaleras eléctricas y encontrarse con una especie de puente donde hay personal de seguridad que a su vez se encarga de dar información y orientación a las personas que allí logran llegar.
En ese llamado primer piso o puente de control se pueden encontrar los ascensores que conducen a los demás pisos del edificio, pero eso sí, hay que tener especial cuidado al subirse a uno de ellos, pues los que paran en los pisos de números pares están ubicados a un lado y los que hacen parada en los pisos impares, están ubicados al otro lado, así que ya se podrán imaginar lo que puede pasar si por algún motivo uno se distrae y toma el ascensor equivocado, pues en realidad no hay una señalización clara que permita identificarlos fácilmente.
El edificio no solo es de difícil acceso, sino que también la información que es brindada allí por el personal de seguridad a veces no es la más precisa y genera confusión. Aquí va mi desventura en el edificio inteligente: justamente la semana pasada tuve que ir al mencionado primer piso para recoger unos documentos en la oficina de comunicaciones, para lo cual solo me dieron el nombre de la recepcionista con la que me los dejarían, sin ningún apellido ni otra indicación que me permitiera identificarla con mayor facilidad.
Cuando llegué, al que para mí es el verdadero primer piso, al cruzar los sensores y pasar por el escáner mi maleta, los vigilantes me dijeron que debía registrar mi computador portátil antes de ingresar y al salir. Por supuesto yo quise hacerlo inmediatamente, pero el registro se hace es en el puente de control, al que ellos llaman “primer piso”. Yo muy juiciosa registré mi computador mientras mi compañero se acercaba donde las niñas que suministran la información de las oficinas y permiten o niegan el ingreso de los visitantes.
Cuando terminé de registrar mi computador, ya le habían dicho a mi compañero que la persona a la cual buscábamos no se encontraba y tampoco había dejado ningún documento para nosotros, así que nos devolvimos inmediatamente desde ese puente a buscar la salida, que al igual que los ascensores, está ubicada a un lado específico, generando desorientación ya que EPM no lo revela con ninguna señal o letrero eficazmente visible y los vigilantes no se toman la molestia de indicar la salida, a no ser que uno les pregunte por ella.
Después de dar vueltas y tomar las escaleras hacia el piso que no se cómo llamar, pues no es el sótano pero tampoco es el primer piso, puse de nuevo mi bolso en el escáner y como era de esperarse allí se vio de nuevo mi portátil. Fue en ese instante cuando me pidieron un ficho de salida para poderme llevar mi equipo, pero resulta que ese ficho nunca me lo dieron, pues yo asumí, por la información que me habían suministrado, que como nunca ingresé a ninguna oficina ni a otro piso del edificio, pues tampoco había salido de ningún lugar y bajé las cuatro escaleras para encontrar la salida.
Grande fue mi sorpresa cuando al pasar de nuevo mi bolso por la máquina, me pidieron el ficho de salida, yo, con cara de sorprendida les dije que yo no había pasado del puesto donde me registraron el computador, por lo que tampoco me habían dado un ficho para salir. Me explicaron que hay que registrarlo de nuevo así yo no haya pasado de ese lugar y así poder salir tranquilamente. Después de una corta discusión no tuve mas remedio que subir de nuevo las cuatro escaleras hasta el “primer piso” puente de control y buscar al joven que había registrado mi equipo, sacar de nuevo el computador del bolso y de la funda que lo protege , para poder recibir el ficho que permitiría mi salida del edificio.
No voy a decir que por mis infortunados inconvenientes en el Edificio Inteligente de EPM, las medidas de seguridad y control no sean válidas. Es en realidad la falta de información, de señalización, de capacitación del personal y de verificación de dichos sistemas por parte de EPM los que me molestan y me hacen pensar en la cantidad de usuarios desprevenidos que tienen que asistir allí a resolver problemas y encuentran más.
¿Será que el Edificio en realidad es muy inteligente o yo soy muy bruta?