jueves, 22 de septiembre de 2011

De la comodidad a la inseguridad

De la comodidad a la inseguridad

En Medellín existe una calle particularmente adornada por grafitis que lleva menos de 10 años de funcionamiento; es la carrera 40 entre Ayacucho y Pichincha, la cual le da vida al sector y además sirve como un espacio para la libertad de expresión de jóvenes que adornan los muros con colores y emblemas que reflejan su sentir.

Infortunadamente, este lugar se ha convertido en un tormento para los vecinos, puesto que algunos han sido víctimas de atracos, es un sitio donde se ven personas poco agradables que venden vicio, otras que lo consumen y habitantes de calle que lo utilizan como baño público.

De este modo, transitar por allí a simple vista debería ser una experiencia agradable, pero cuando se inicia el recorrido la percepción cambia; así lo explica Andrés Arango González, vecino del lugar, quien relata con aterro el día en que en su recorrido por este sitio, pasó junto a dos mujeres adolescentes que llevaban puesto su uniforme de colegio y se hallaban fumando marihuana a plena luz del día.

Marino de Jesús López, quien también hace constante uso de dicha calle, hace pocos días estuvo a punto de ser víctima de un atraco en la mencionada carrera 40, cuando regresaba de hacer unas compras en el mercado de la Plaza de Flórez.

Todavía era de día cuando una pareja se le acercó con la intención de robarlo, lo cual no fue posible gracias al fuerte carácter de don Marino, quien al ver que los asaltantes no tenían armas de fuego, gritó para alertar a la gente que transitaba por el sector, así amedrentó a los ladrones y haciendo uso de su valentía logró conducir a la mujer hasta la Policía Metropolitana que está tres cuadras más abajo del lugar de los hechos, mientras que el hombre consiguió escapar.

De esta manera, queda un sinsabor al pensar que estos espacios se abren en la ciudad con la intención de generar un beneficio para la comunidad, pero que con el paso del tiempo son descuidados y se pierde el verdadero objetivo de convertirse en sitios de integración, esparcimiento y mejoramiento de la movilidad.

viernes, 12 de junio de 2009

¿Derechos “Limitados”?

Antes de comenzar mi relato quise averiguar un poco sobre los derechos fundamentales de las personas que tienen limitaciones físicas. Yo esperaba encontrarme con uno de esos artículos ladrilludos de la Constitución Política de Colombia, donde me ilustraran acerca de los derechos de las personas con discapacidad o limitaciones físicas y grande fue mi sorpresa cuando lo único que encontré fueron algunos nombres de fundaciones o corporaciones que propenden por el desarrollo de dichas personas, pero nada que esté legitimado como derecho fundamental.


Esto me hace pensar que realmente no existen unos derechos refrendados para las personas con limitaciones físicas, que tristemente, cada día suman más en nuestro país por culpa de las minas antipersona, que poco a poco han ido reemplazando los cultivos de los campesinos en nuestro territorio colombiano donde brilla la “seguridad democrática”.

Menciono a los limitados físicos o discapacitados porque en los últimos días han ocurrido una serie de acontecimientos que me llevaron a reflexionar sobre su situación, especialmente por la falta de garantías y todas las peripecias a los que están sometidos diariamente.

Mi historia está inspirada inicialmente en un compañero de trabajo quien debido a una enfermedad conocida como Poliomielitis, tuvo que delegar el movimiento de sus piernas a un par de muletas. 

Digo que mi historia está inspirada en él porque hace poco salimos de nuestro lugar de trabajo a la calle en busca de algo de comer, y como cualquier persona que no está acostumbrada a caminar por las calles atiborradas de personas y vehículos con alguien en muletas, yo estaba intranquila y andaba muy pendiente de mi compañero. Mi gran asombro fue al cruzar una concurrida calle por un punto donde no hay semáforo ni puente peatonal y cuando menos pensé, él estaba al otro lado de la calle y yo aún no lograba cruzar. Igual pasó cuando nos devolvimos, y la verdad, me tocó acelerar mis pasos para poder caminar a su lado. 

Desde ese día me río cariñosamente de él diciéndole que esas muletas parecen con rodachines y no deja de asombrarme la manera como se desenvuelve en medio del caos.

Justamente en esos mismos días, me hallaba en la concurrida Plazuela San Ignacio, iba un poco acelerada para mi trabajo, lo que me impidió calcular bien mis pasos; de pronto, miré hacia atrás por unos segundos y cuando volví la mirada al frente, fue tarde para evitar chocarme con un joven invidente, tropecé con su bastón que le sirve de guía y casi me voy encima de él. 

No quisiera ni mencionar cuál fue mi sensación después del incidente, debo decir que me sentí enormemente torpe y me invadió un sinsabor que me llevó a pensar en lo cuidadosas que son las personas que no pueden ver y lo torpes que somos los que pese a nuestra visión, andamos atropellando a las personas que se nos cruzan en la calle. 

Para rematar, en la misma semana me vi una película italiana que se llama “Rojo como el Cielo”,  la cual me conmovió aún más al darme cuenta de que estaba basada en una historia de la vida real, donde un niño apasionado por el cine y los efectos sonoros pierde su visión debido a un accidente bastante trágico, pero finalmente, su limitación lo volvió más sensible y terminó convirtiéndose en el mejor productor de efectos de sonidos para cintas cinematográficas en su país.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre las condiciones en las que viven los limitados en nuestro país, donde solo en los últimos años, se han empezado a tener en cuenta para incluirlos en nuestra cotidianidad y, donde apenas algunas personas dan muestras de preocupación por ellos. Lo que me genera duda es si realmente se preocupan por ellos o simplemente es estrategia política de unos cuantos.

Debido a los acontecimientos anteriormente relatados, me he puesto a pensar si realmente ellos son limitados o tal vez somos más limitados los que físicamente estamos completos. Pero ¿estamos completos mentalmente para entender que ellos tienen los mismos derechos que nosotros?

sábado, 25 de abril de 2009

Me siento bruta frente al “Edificio Inteligente” de EPM



Me siento bruta frente al “Edificio Inteligente” de EPM
Por: Adriana Cano Mesa


En menos de un mes he tenido que visitar en dos ocasiones el tan orgullosamente nombrado Edificio Inteligente de Empresas Públicas de Medellín y para ser sincera, no he podido entender a cabalidad por qué se le llama inteligente a un edificio en el que se necesita una gran cantidad de indicaciones para ingresar a él.


La verdad, mi sentido de orientación no es el mejor, pero ingresar a un lugar de servicio público no debería ser tan difícil. Cuando llego allá me siento como en un laberinto y a veces tengo hasta temor de no encontrar la salida.


En la primera visita se me dificultó llegar al primer piso, pues para cualquier persona con sentido común, el primer piso es el que está de primero, sin subir escalas ni tomar ascensores, pero en el edificio inteligente el primer piso está ubicado después de subir por cuatro escaleras eléctricas y encontrarse con una especie de puente donde hay personal de seguridad que a su vez se encarga de dar información y orientación a las personas que allí logran llegar.


En ese llamado primer piso o puente de control se pueden encontrar los ascensores que conducen a los demás pisos del edificio, pero eso sí, hay que tener especial cuidado al subirse a uno de ellos, pues los que paran en los pisos de números pares están ubicados a un lado y los que hacen parada en los pisos impares, están ubicados al otro lado, así que ya se podrán imaginar lo que puede pasar si por algún motivo uno se distrae y toma el ascensor equivocado, pues en realidad no hay una señalización clara que permita identificarlos fácilmente.


El edificio no solo es de difícil acceso, sino que también la información que es brindada allí por el personal de seguridad a veces no es la más precisa y genera confusión. Aquí va mi desventura en el edificio inteligente: justamente la semana pasada tuve que ir al mencionado primer piso para recoger unos documentos en la oficina de comunicaciones, para lo cual solo me dieron el nombre de la recepcionista con la que me los dejarían, sin ningún apellido ni otra indicación que me permitiera identificarla con mayor facilidad.


Cuando llegué, al que para mí es el verdadero primer piso, al cruzar los sensores y pasar por el escáner mi maleta, los vigilantes me dijeron que debía registrar mi computador portátil antes de ingresar y al salir. Por supuesto yo quise hacerlo inmediatamente, pero el registro se hace es en el puente de control, al que ellos llaman “primer piso”. Yo muy juiciosa registré mi computador mientras mi compañero se acercaba donde las niñas que suministran la información de las oficinas y permiten o niegan el ingreso de los visitantes.


Cuando terminé de registrar mi computador, ya le habían dicho a mi compañero que la persona a la cual buscábamos no se encontraba y tampoco había dejado ningún documento para nosotros, así que nos devolvimos inmediatamente desde ese puente a buscar la salida, que al igual que los ascensores, está ubicada a un lado específico, generando desorientación ya que EPM no lo revela con ninguna señal o letrero eficazmente visible y los vigilantes no se toman la molestia de indicar la salida, a no ser que uno les pregunte por ella.


Después de dar vueltas y tomar las escaleras hacia el piso que no se cómo llamar, pues no es el sótano pero tampoco es el primer piso, puse de nuevo mi bolso en el escáner y como era de esperarse allí se vio de nuevo mi portátil. Fue en ese instante cuando me pidieron un ficho de salida para poderme llevar mi equipo, pero resulta que ese ficho nunca me lo dieron, pues yo asumí, por la información que me habían suministrado, que como nunca ingresé a ninguna oficina ni a otro piso del edificio, pues tampoco había salido de ningún lugar y bajé las cuatro escaleras para encontrar la salida.


Grande fue mi sorpresa cuando al pasar de nuevo mi bolso por la máquina, me pidieron el ficho de salida, yo, con cara de sorprendida les dije que yo no había pasado del puesto donde me registraron el computador, por lo que tampoco me habían dado un ficho para salir. Me explicaron que hay que registrarlo de nuevo así yo no haya pasado de ese lugar y así poder salir tranquilamente. Después de una corta discusión no tuve mas remedio que subir de nuevo las cuatro escaleras hasta el “primer piso” puente de control y buscar al joven que había registrado mi equipo, sacar de nuevo el computador del bolso y de la funda que lo protege , para poder recibir el ficho que permitiría mi salida del edificio.


No voy a decir que por mis infortunados inconvenientes en el Edificio Inteligente de EPM, las medidas de seguridad y control no sean válidas. Es en realidad la falta de información, de señalización, de capacitación del personal y de verificación de dichos sistemas por parte de EPM los que me molestan y me hacen pensar en la cantidad de usuarios desprevenidos que tienen que asistir allí a resolver problemas y encuentran más.


¿Será que el Edificio en realidad es muy inteligente o yo soy muy bruta?