viernes, 12 de junio de 2009

¿Derechos “Limitados”?

Antes de comenzar mi relato quise averiguar un poco sobre los derechos fundamentales de las personas que tienen limitaciones físicas. Yo esperaba encontrarme con uno de esos artículos ladrilludos de la Constitución Política de Colombia, donde me ilustraran acerca de los derechos de las personas con discapacidad o limitaciones físicas y grande fue mi sorpresa cuando lo único que encontré fueron algunos nombres de fundaciones o corporaciones que propenden por el desarrollo de dichas personas, pero nada que esté legitimado como derecho fundamental.


Esto me hace pensar que realmente no existen unos derechos refrendados para las personas con limitaciones físicas, que tristemente, cada día suman más en nuestro país por culpa de las minas antipersona, que poco a poco han ido reemplazando los cultivos de los campesinos en nuestro territorio colombiano donde brilla la “seguridad democrática”.

Menciono a los limitados físicos o discapacitados porque en los últimos días han ocurrido una serie de acontecimientos que me llevaron a reflexionar sobre su situación, especialmente por la falta de garantías y todas las peripecias a los que están sometidos diariamente.

Mi historia está inspirada inicialmente en un compañero de trabajo quien debido a una enfermedad conocida como Poliomielitis, tuvo que delegar el movimiento de sus piernas a un par de muletas. 

Digo que mi historia está inspirada en él porque hace poco salimos de nuestro lugar de trabajo a la calle en busca de algo de comer, y como cualquier persona que no está acostumbrada a caminar por las calles atiborradas de personas y vehículos con alguien en muletas, yo estaba intranquila y andaba muy pendiente de mi compañero. Mi gran asombro fue al cruzar una concurrida calle por un punto donde no hay semáforo ni puente peatonal y cuando menos pensé, él estaba al otro lado de la calle y yo aún no lograba cruzar. Igual pasó cuando nos devolvimos, y la verdad, me tocó acelerar mis pasos para poder caminar a su lado. 

Desde ese día me río cariñosamente de él diciéndole que esas muletas parecen con rodachines y no deja de asombrarme la manera como se desenvuelve en medio del caos.

Justamente en esos mismos días, me hallaba en la concurrida Plazuela San Ignacio, iba un poco acelerada para mi trabajo, lo que me impidió calcular bien mis pasos; de pronto, miré hacia atrás por unos segundos y cuando volví la mirada al frente, fue tarde para evitar chocarme con un joven invidente, tropecé con su bastón que le sirve de guía y casi me voy encima de él. 

No quisiera ni mencionar cuál fue mi sensación después del incidente, debo decir que me sentí enormemente torpe y me invadió un sinsabor que me llevó a pensar en lo cuidadosas que son las personas que no pueden ver y lo torpes que somos los que pese a nuestra visión, andamos atropellando a las personas que se nos cruzan en la calle. 

Para rematar, en la misma semana me vi una película italiana que se llama “Rojo como el Cielo”,  la cual me conmovió aún más al darme cuenta de que estaba basada en una historia de la vida real, donde un niño apasionado por el cine y los efectos sonoros pierde su visión debido a un accidente bastante trágico, pero finalmente, su limitación lo volvió más sensible y terminó convirtiéndose en el mejor productor de efectos de sonidos para cintas cinematográficas en su país.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre las condiciones en las que viven los limitados en nuestro país, donde solo en los últimos años, se han empezado a tener en cuenta para incluirlos en nuestra cotidianidad y, donde apenas algunas personas dan muestras de preocupación por ellos. Lo que me genera duda es si realmente se preocupan por ellos o simplemente es estrategia política de unos cuantos.

Debido a los acontecimientos anteriormente relatados, me he puesto a pensar si realmente ellos son limitados o tal vez somos más limitados los que físicamente estamos completos. Pero ¿estamos completos mentalmente para entender que ellos tienen los mismos derechos que nosotros?

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